El monje que soportó

Uno de los actos más antiguos de Shen Yun cuenta la historia de una persona excepcional.

En un pueblito remoto de la China antigua había un templo budista. Los pobladores admiraban profundamente al abad de este templo, y lo consideraban un modelo de moralidad.

Pero todo esto cambió cuando una joven mujer del pueblo quedó embarazada de un amante secreto. Cuando su amante huyó, ella acusó al abad de ser el padre del niño. Para un monje, esto se consideraba la peor infracción a sus votos budistas, la mayor vergüenza que no tenía perdón.

Pero en lugar de negar la acusación o defenderse, el monje no dijo nada. Se hizo cargo del niño y lo crió como propio. Cuando los habitantes del pueblo vieron esto, lo consideraron una prueba de que la historia era cierta y lo culparon de manera unánime.

Los años pasaron y el monje siguió excluido. Un día, un hombre de porte distinguido llegó al pueblo y causó curiosidad. Acababa de aprobar los exámenes para el servicio civil imperial y había obtenido un puesto de funcionario de nivel medio. Eso era un gran honor. Todos se sorprendieron al ver que su esposa no era otra que la madre de ese niño que había nacido bastardo.

Los esposos se dirigieron al templo local y se arrodillaron frente al abad. Para sorpresa del resto del pueblo, el funcionario preguntó por su hijo biológico –este hombre resultó ser el amante que había huido.  Sin una palabra de reproche, el monje reunió al niño con sus verdaderos padres.

Espantados y afligidos, la gente del pueblo se dio cuenta de su error y admiraron la gran compasión y tolerancia del monje.