Salas y templos sagrados

Los arquitectos de la antigüedad construyeron templos que desempeñaron una función esencial para los chinos. El pueblo se los dedicaba a sus ancestros como símbolo de respeto; los utilizaban como lugares para la oración y los consagraban al Cielo, la Tierra y a divinidades locales. Los monasterios budistas y daoístas se caracterizaban por ser grandes complejos donde los monjes rezaban, estudiaban las escrituras y residían.

Cada dinastía china tuvo su propio y singular estilo arquitectónico. Los arquitectos de la Dinastía Tang preferían los techos de paja y los aleros rectos. Las dinastías Ming y Qing preferían la arquitectura decorada con coloridos grabados, y el color bermellón y los matices amarillos los reservaban para las residencias imperiales.

Los aposentos reales normalmente tenían estructuras simétricas. Toda  la edificación se planteaba en torno a un amplio patio rectangular, y estaba rodeada de jardines y de edificaciones más pequeñas.  El eje de estas sofisticadas residencias era el grandioso y solemne "gran salón".

Los lugares de culto podían ser magnánimos templos con múltiples salones grandes o humildes y pequeños santuarios de sencilla decoración. Cada uno tiene su carácter particular, determinado por la geografía y las costumbres locales.

Antiguas torres de almenara
El monje que soportó